Y cómo no hay dos sin tres , seguro habrá otro Oaxaca en mi vida !!!
- Alicia Pellegrini

- 4 may
- 4 Min. de lectura

Afortunada de tener una nueva oportunidad en Oaxaca, esta vez en familia, para descubrir parte de los tesoros que me había perdido la primera vez por falta de tiempo.
Volamos a Oaxaca y llegamos listos para recorrer la ciudad, sus pueblos, adentrarnos en su cultura, gastronomía e historia. Para iniciar nuestra visita, el centro histórico nos esperaba. Nuestra lista de sitios a visitar se va cubriendo con el pasar de las horas, mientras seguimos disfrutando de su paisaje, sus cerros y cielos, tan espectaculares.

El Templo de Santo Domingo Guzmán y su arquitectura barroca encandila, el Museo de las Culturas, con sus tesoros, entre ellos el de la Tumba 7 en Monte Albán, con joyería mortuoria, máscaras y la calavera de turquesas. Próximo al museo se encuentra el Jardín Etnobotánico, que conserva la riqueza vegetal de la zona.
Seguimos hacia la Catedral, la Alameda con su kiosco y luego visitamos la casa del Benito Juárez, el Centro Cultural San Pablo y el Teatro Macedonio Alcalá.
No podían faltar sus mercados con las tradicionales artesanías y el callejón del humo, que invita al comensal a deleitarse con el tasajo de res, la cecina y el chorizo oaxaqueño, acompañando a la tradicional tlayuda o tortillas.
El arte es muy importante en la vida cultural de Oaxaca. Hay muchas galerías de arte, de diseño, así como tiendas de artesanías, exquisitamente seleccionadas.
Esta vez, no quería dejar de visitar la Basílica de Nuestra Señora de la Soledad, patrona de la ciudad de Oaxaca. Construída en el Siglo XVII, de estilo barroco. La leyenda dice que en 1617, un arriero que pasaba por la ermita de San Sebastián, en la ciudad de Oaxaca, no pudo continuar el trayecto, ya que su mula se detuvo y no quiso avanzar. La caja, que cargaba el animal, contenía una imagen de la Virgen y un Cristo. Fue allí que se ordenó que se construyera un santuario. La fachada que conocemos hoy, de cantera en forma de biombo, se terminó en 1718.
Para cerrar nuestro primer día, una caminata al barrio de Jalatlaco, con su iglesia de piedra del siglo XVIII y sus murales . Un lugar para perderse por sus calles adoquinadas, lleno de cafeterías y restaurantes para disfrutar.
Como la gastronomía es parte fundamental de este destino, cada noche recorrimos algunos de los restaurantes recomendados, pero debo decir que todo lo que comimos fue delicioso, desde el mercado hasta las propuestas más gourmet.
Pitiona y sus vistas al convento nos encantó ! También pasamos por Casa Oaxaca, Origen y Las 15 Letras. Todos son muy ricos y te permiten disfrutar de los clásicos moles y cocina de autor, con ingredientes locales. En todos los casos saboreamos platos tradicionales, de herencia culinaria, servidos delicadamente.
Esta vez tampoco me perdí de probar el tradicional Atole, una bebida caliente de origen prehispánico, elaborado a base de maíz cocido y molido, disuelto en agua.
Segundo día nos fuimos a Monte Albán, un lugar que nos pareció maravilloso y encantador. Corazón de la cultura zapoteca, fundada en el 500 A.C., sobre una montaña aplanada. Destacan Los Danzantes, un conjunto de estelas de piedra con bajorrelieves y su centro observatorio, que demuestra el avanzado conocimiento astronómico que tenían. Las visitas a los cerros es imperdible y los cielos muy bonitos para atesorar .
Luego seguimos a un ex convento dominico en Cuilapam de Guerrero. Un lugar que fue construído para evangelizar a los indígenas y en sus paredones fue fusilado el General Vicente Guerrero en 1831. Uno de mis preferidos de este viaje, por la magnitud de la construcción y el paisaje que lo rodea.
Luego llega el tiempo para disfrutar de los alebrijes en el Taller de Jacobo y María Ángeles en San Martín Tilcajete. Piezas únicas, con un proceso cuidadoso, desde el tallado y diseño de la madera, el logro de los tintes naturales y muchas horas de trabajo para el acabado de cada pieza. Muy cerca de allí, está Almu, con su cocina de humo y sus tlayudas, para disfrutar en medio de un patio de tierra y mesas de madera.
De ahí nos movemos al Taller de Barro , "Manos que Ven", donde José García Antonio moldea junto a su familia hermosas figuras femeninas.

A la mañana siguiente tenemos nuestra visita a Mitla, conocida como "lugar de muertos". Un espacio arqueológico diferente . Sus grecas geométricas lo hacen único ! Fascinados por el sitio, el entorno , todo es encantador .
Seguimos el recorrido por lo pueblos aledaños. Teotitlán del Valle, zona de textiles y de los tejedores de tapetes. Nos muestran el proceso completo, desde cómo preparan la lana hasta cómo logran los distintos colores, a partir del teñido con pigmentos naturales. Destacan el uso de la grana cochinilla para alcanzar los distintos rojos y del añil, para lograr los azules.
Para ir regresando a la ciudad, pasamos por El Tule , donde un ahuehuete ancestral con más de 2000 años de antigüedad y con el tronco más ancho del mundo, nos da la bienvenida.
A la mañana siguiente hacemos un recorrido final, compramos algunos detallitos y ya estamos listos para regresarnos.
OAXACA es siempre una gran experiencia, de cultura, tradición, y gastronomía.
Y cómo no hay dos sin tres , seguro habrá otro Oaxaca en mi vida !!!
















































































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